Mi padre ha venido a visitarnos. Parece que me ha perdonado un poco. Algo es algo al menos, eso es lo que me digo para resignarme a esa frialdad. Ha traído un carro de control remoto para el niño (para cuando esté más crecidito, ha dicho), una pijama para mi mujer y una pipa para mi.
Cuando tenía 14 años (hace como un millar de años) hice un cuento acerca de una mala navidad. Una historia lugubre de fantasmas y muertes, una historia trágica y dolorosa. En resumen, una historia adolescente.
Hoy, tanta agua ha corrido debajo del puente, que lo que quisiera es todo lo contrario. Me encantaría mirar a la calle desde la comodidad de mi ventana, repatungado en mi butaca, y ver una navidad perfecta, como la de las películas de los gringos o de cualquier otra nacionalidad, una navidad de una suave lluvia pertinaz, o una nevada donde quepa. quisiera ua navidad perfecta, al calor del hogar y de la familia. Sin embargo, no es eso lo que veo tras los cristales de mi ventana. La lluvia arrecia y con ellos miles mueren y las cosechas se van a la mierda y los hijoputas políticos o brazos armados (cualquiera sea su puto origen) buscando sacar provecho del dolor de otros tantos.
No le enseñare eso a Samuel sin embargo. Le enseñare que el niño Dios existe (aunque yo no crea en él), le enseñare que alguna causa hay para lo que sucede en esta tierra (claro, que somos unas bestias asquerosas -pero eso lo descubrira él después), le enseñare que en diciembre la paz y la armonía se apoderan del mundo, aunque todos sepamos que es una mentira más, como tantas en esta Tierra de Muertos.
miércoles, 24 de diciembre de 2008
martes, 2 de diciembre de 2008
Horror
Sostengo a Samuel contra mi pecho. Lo sostengo con una firmeza de la que no me siento capaz ante lo que veo. Lo sostengo para que no vea mis lágrimas. Lo sostengo hasta que Isabel me lo arranca de las manos cuando el niño deja escapar un grito de dolor. Esta vez Isabel no me reclama, no me pide explicaciones. Ella tampoco puede escapar al horror.
La imagen que me niego a reproducir apareció el primer de Diciembre en la página web del Kosmos de Kalí. El vínculo me ha llegado por intermedio de uno de los lectores de este blog y reproduce todo el infierno del que es capaz esta ciudad corrupta.
Todos hemos sabido de los Gifty. De alguna manera todos nos hemos acostumbrado a sus vuelos peregrinos sobre Kalí. Para nadie es un secreto que se trata de un misterio, que estas criaturas aladas simplemente aparecieron de la nada hace unos pocos meses. Aunque también es cierto que al principio varias organizaciones intentaron atrapar uno sin éxito, la verdad es que nadie puso mucho entusiasmo en ello. Hasta ahora.
El primero de Diciembre el padre de La Ermita al disponer de la iglesia para la entrada de su congregación se encontró, clavado sobre las firmes puertas de madera, un Gifty.
Los antebrazos, al igual que las piernas y las alas estaban taladrados por sendas astillas de pedernal.
No necesito una firma ni una carta para saber quien fue el autor de tal miseria. Él mismo que alguna vez le declaró la guerra a todo lo vivo, el gusano mezquino y miserable que se hace llamar Skin. Sé, en lo profundo de mí, que no sé puede tratar de nadie más.
Encerrado en las paredes de mi estudio maldigo a las autoridades, a la sociedad y a mi mismo por haber estado confiado ante el silencio de “Los Hijos del Neón”, por nuestra impotencia para detener esta estupidez, por nuestra ceguera ante la locura que nos allana todos los días y a la que no hemos sabido decir alto.
La imagen que me niego a reproducir apareció el primer de Diciembre en la página web del Kosmos de Kalí. El vínculo me ha llegado por intermedio de uno de los lectores de este blog y reproduce todo el infierno del que es capaz esta ciudad corrupta.
Todos hemos sabido de los Gifty. De alguna manera todos nos hemos acostumbrado a sus vuelos peregrinos sobre Kalí. Para nadie es un secreto que se trata de un misterio, que estas criaturas aladas simplemente aparecieron de la nada hace unos pocos meses. Aunque también es cierto que al principio varias organizaciones intentaron atrapar uno sin éxito, la verdad es que nadie puso mucho entusiasmo en ello. Hasta ahora.
El primero de Diciembre el padre de La Ermita al disponer de la iglesia para la entrada de su congregación se encontró, clavado sobre las firmes puertas de madera, un Gifty.
Los antebrazos, al igual que las piernas y las alas estaban taladrados por sendas astillas de pedernal.
No necesito una firma ni una carta para saber quien fue el autor de tal miseria. Él mismo que alguna vez le declaró la guerra a todo lo vivo, el gusano mezquino y miserable que se hace llamar Skin. Sé, en lo profundo de mí, que no sé puede tratar de nadie más.
Encerrado en las paredes de mi estudio maldigo a las autoridades, a la sociedad y a mi mismo por haber estado confiado ante el silencio de “Los Hijos del Neón”, por nuestra impotencia para detener esta estupidez, por nuestra ceguera ante la locura que nos allana todos los días y a la que no hemos sabido decir alto.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
¿Y qué le leo a Samuel?
Dice Baricco en "Tierras de Cristal":
¿Y cuando se haga mayor? Habrá que contarle algo a este niño. Pero ¿por dónde se empieza? Dime, Pekish, ¿qué es lo que hay que contarle, la primera vez que se le cuenta algo? Justo lo primero: de todas las historias que existen, habrá una que vaya a ser la primera historia que le toqué oír. Habrá una, seguro, pero ¿cuál?
Ando en las mismas por supuesto, no me termino de decidir entre Shakespeare y Borges, o ¿acaso Melville?. No sé. Isabel entre tanto me mira, sonríe como sólo ella sabe hacerlo y con todo su cariño me da con un libro en la cabeza, me dice que me deje de pendejadas y que, por favor, cambie al niño.
Shakespeare, estoy seguro que "As you like it" es justo para él. Habrá que ver si logramos hacer de este príncipe pelotón un bufón Shakespereano....
¿Y cuando se haga mayor? Habrá que contarle algo a este niño. Pero ¿por dónde se empieza? Dime, Pekish, ¿qué es lo que hay que contarle, la primera vez que se le cuenta algo? Justo lo primero: de todas las historias que existen, habrá una que vaya a ser la primera historia que le toqué oír. Habrá una, seguro, pero ¿cuál?
Ando en las mismas por supuesto, no me termino de decidir entre Shakespeare y Borges, o ¿acaso Melville?. No sé. Isabel entre tanto me mira, sonríe como sólo ella sabe hacerlo y con todo su cariño me da con un libro en la cabeza, me dice que me deje de pendejadas y que, por favor, cambie al niño.
Shakespeare, estoy seguro que "As you like it" es justo para él. Habrá que ver si logramos hacer de este príncipe pelotón un bufón Shakespereano....
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Visita de A.
Hoy ha llegado A. Por supuesto no era del todo una sorpresa. A. es amigo de Isabel desde su época de universidad.
Ha llegado cargado con la seria intención de embriagarnos no sólo a Isabel y a mí, su macabro plan incluía a Samuel. Pos supuesto todo quedo en una chanza y no más. Por supuesto…
Isabel pronto nos dejo, la pobre está extenuada y aprovechando un respiro de Samuel, nos dejo por pies no sin antes hacernos prometer que no nos embarcaríamos en una de nuestras disputas.
A. es profesor de literatura y quiere ser escritor. Ha estudiado los diferentes períodos de la literatura y los defiende desde el punto de vista de su efectismo.
En los últimos meses se ha enamorado de lo que denomina realismo sucio y ha decidido condenar cualquier cosa que no se apegue a esa visión del mundo.
Yo he acabado de leer “Tierras de Cristal” de Alessandro Baricco y, por supuesto, lo único que he podido hacer es discutir. La verdad no termino de entender porque me he acalorado tanto. Entiendo la posición acerca de la economía acerca de la hora de escribir pero la imposición del formato de escritura anglosajón me parece arbitraria y ridícula desde que en la universidad pretendieron imponerlo. Párrafos cortos me exigían los profesores, nada de oraciones subordinadas, intente usar el mínimo de comos y puntos y comas, sea económico y directo.
La verdad de haber querido ser económico y directo habría estudiado contabilidad o finanzas. La idea de esa escritura telegráfica y, de alguna manera, limpia me parece detestable. Si existe el lenguaje porque voy a tirarlo a la caneca de la basura, como voy a renunciar, en aras de una limpieza absurda, a cosas como las que dice Baricco:
“En los trenes, para salvarse, se leía.
Linimento perfecto. La fija exactitud de la escritura como sutura de un terror. El ojo que encuentra en las minúsculas curvaturas descritas por las líneas el nítido atajo para huir del indistinto flujo de imágenes impuesto por la ventanilla. En las estaciones, vendían las lámparas pertinentes, lámparas de lectura. Se sostenían con una mano, describían un íntimo cono de luz para enfocar la página abierta. Hay que imaginárselo. Un tren en carrera furibunda sobre dos láminas de hierro, y dentro del tren un rincón de de mágica inmovilidad recortado minuciosamente por el compás de una llamita. La velocidad del tren y la fijeza del libro iluminado. La eternamente cambiante multiplicidad del mundo alrededor y el pétreo microcosmos de un ojo que lee. Como un núcleo de silencio en el corazón de una detonación.”
Cuando le leí esto a A. sólo se me quedo mirando y dijo, “A eso precisamente me refiero, demasiadas palabras inútiles, demasiadas palabras que no dicen nada”.
“La literatura no dice particularmente nada”, tercie yo, pero no, A. seguía incólume. Ambos nos acalorábamos cada vez más hasta que salió Isabel furibunda y sin contemplaciones nos puso de patitas en la calle.
Al final terminamos en un bar hablando de lo complicadas que son las mujeres. Más palabras inútiles que se convertirán en algún omento en literatura. Sólo que espero que sea de esa que no teme jugar con el lenguaje, que no se sienta contenta escribiendo sólo en consonantes, que se detenga en las descripción de las cascadas de luces y que no diga tan sólo, “Dos hombres tomando en un bar. Hablaban de mujeres.”
El idioma castellano es increíblemente rico en expresiones que no deberían ser tiradas por seguir imposiciones colonizadoras.
Ha llegado cargado con la seria intención de embriagarnos no sólo a Isabel y a mí, su macabro plan incluía a Samuel. Pos supuesto todo quedo en una chanza y no más. Por supuesto…
Isabel pronto nos dejo, la pobre está extenuada y aprovechando un respiro de Samuel, nos dejo por pies no sin antes hacernos prometer que no nos embarcaríamos en una de nuestras disputas.
A. es profesor de literatura y quiere ser escritor. Ha estudiado los diferentes períodos de la literatura y los defiende desde el punto de vista de su efectismo.
En los últimos meses se ha enamorado de lo que denomina realismo sucio y ha decidido condenar cualquier cosa que no se apegue a esa visión del mundo.
Yo he acabado de leer “Tierras de Cristal” de Alessandro Baricco y, por supuesto, lo único que he podido hacer es discutir. La verdad no termino de entender porque me he acalorado tanto. Entiendo la posición acerca de la economía acerca de la hora de escribir pero la imposición del formato de escritura anglosajón me parece arbitraria y ridícula desde que en la universidad pretendieron imponerlo. Párrafos cortos me exigían los profesores, nada de oraciones subordinadas, intente usar el mínimo de comos y puntos y comas, sea económico y directo.
La verdad de haber querido ser económico y directo habría estudiado contabilidad o finanzas. La idea de esa escritura telegráfica y, de alguna manera, limpia me parece detestable. Si existe el lenguaje porque voy a tirarlo a la caneca de la basura, como voy a renunciar, en aras de una limpieza absurda, a cosas como las que dice Baricco:
“En los trenes, para salvarse, se leía.
Linimento perfecto. La fija exactitud de la escritura como sutura de un terror. El ojo que encuentra en las minúsculas curvaturas descritas por las líneas el nítido atajo para huir del indistinto flujo de imágenes impuesto por la ventanilla. En las estaciones, vendían las lámparas pertinentes, lámparas de lectura. Se sostenían con una mano, describían un íntimo cono de luz para enfocar la página abierta. Hay que imaginárselo. Un tren en carrera furibunda sobre dos láminas de hierro, y dentro del tren un rincón de de mágica inmovilidad recortado minuciosamente por el compás de una llamita. La velocidad del tren y la fijeza del libro iluminado. La eternamente cambiante multiplicidad del mundo alrededor y el pétreo microcosmos de un ojo que lee. Como un núcleo de silencio en el corazón de una detonación.”
Cuando le leí esto a A. sólo se me quedo mirando y dijo, “A eso precisamente me refiero, demasiadas palabras inútiles, demasiadas palabras que no dicen nada”.
“La literatura no dice particularmente nada”, tercie yo, pero no, A. seguía incólume. Ambos nos acalorábamos cada vez más hasta que salió Isabel furibunda y sin contemplaciones nos puso de patitas en la calle.
Al final terminamos en un bar hablando de lo complicadas que son las mujeres. Más palabras inútiles que se convertirán en algún omento en literatura. Sólo que espero que sea de esa que no teme jugar con el lenguaje, que no se sienta contenta escribiendo sólo en consonantes, que se detenga en las descripción de las cascadas de luces y que no diga tan sólo, “Dos hombres tomando en un bar. Hablaban de mujeres.”
El idioma castellano es increíblemente rico en expresiones que no deberían ser tiradas por seguir imposiciones colonizadoras.
lunes, 10 de noviembre de 2008
Samuel
Hay ha nacido mi hijo. Es un niño hermoso y pelotón y no hay seres humanos más orgullosos y felices que Isabel y yo.
La madre ha pasado al menos diez horas en labor de parto y ahora está exhausta y durmiendo.
Yo estoy aquí, con el portatil frente a la formación de cunas, saludando a Samuel, quien duerme como los ángeles no sé porque insisto en saludadr como un idiota), y como siempre leyendo el Tarmadón y los recortes de prensa y el diario de Atón al cual ha de sumerse uno de una tal Narya a quien aún no identifico.
La madre ha pasado al menos diez horas en labor de parto y ahora está exhausta y durmiendo.
Yo estoy aquí, con el portatil frente a la formación de cunas, saludando a Samuel, quien duerme como los ángeles no sé porque insisto en saludadr como un idiota), y como siempre leyendo el Tarmadón y los recortes de prensa y el diario de Atón al cual ha de sumerse uno de una tal Narya a quien aún no identifico.
ATÓN, EL ACAECER DEL CREPÚSCULO. CRÓNICA GANADORA DEL PRIMER LUGAR EN EL CONCURSO DE CRÓNICA Y REPORTAJE AUSPICIADO POR LA EDITORIAL MAISTOCK. PUBLICA
Salió a caminar con la siempre vana esperanza de que su dolor de cabeza se disipara. Atón sufría desde pequeño de unas cefaleas que llegaban a postrarlo en cama durante días enteros. Mientras vivió en el Hogar Internado de la Compañía de Jesús, se le inculcó que el ejercicio físico podía ayudarle a controlar su padecimiento, así que siempre que sentía que sobrevenía uno de sus dolores de cabeza salía a caminar.
Deambulaba sin ningún pensamiento fijo en la cabeza esquivando la luz que hería sus ojos y le atormentaba. Dio vueltas y revueltas sin rumbo fijo, intentando olvidar el hecho que las provisiones hurtadas del internado se le estaban agotando y que en pocos días tendría que recurrir al robo para lograr sobrevivir.
Pensando o quizás intentando no pensar llegó a un parque cercano donde se topó con unos 20 ó 25 integrantes de Los Hijos del Neón. Al percatarse de ello intentó retroceder pero ya era demasiado tarde. Así que hundió con ahínco las manos en los bolsillos e intentó seguir su camino pasando desapercibido entre la multitud. Miraba con estupefacción como el grupo de integrantes de la pandilla se reían mientras se pasaban entre ellos botellas de maistock y cigarrillos.
Pronto dejó de escuchar las risas al ser reemplazadas por los murmullos burlones de “Muñeco, hey muñeco”. Pronto no pudo dar un paso más. Se encontró de frente con un pecho que le cerraba el paso. Intentó retroceder tan sólo para encontrarse con un par de manos que lo empujaron hacia delante mientras escuchaba como el coro comenzaba a aumentar su volumen y su velocidad hasta convertirse en una salmodia infernal. “Muñeco, habrá muñeco esta noche. Los dejó hacer adelantando sus manos ya no tanto para defenderse como para evitar una caída fácil, un golpe no buscado. Estaba acostumbrado al juego desde sus primeros días en el internado. Allá le había costado poco, un par de dedos rotos, a lo más una pierna. Sabía que en este juego se le iba la vida. Más por costumbre que por deseo empujo el cuerpo más próximo a él. Su acción le valió un “ohhhhh” de reconocimiento y la vinculación de más participantes al juego.
Sintió un puntapié en su trasero, un puñetazo suave, casi una caricia, en la boca del estomago. Una mujer aruñó una de sus mejillas. Alguien escupió su rostro. El dolor de cabeza se incrementaba en notas punzantes. Lanzó un puñetazo hacia el rostro equivocado más cercano a él, el rostro de Skin. La multitud enmudeció.
Escuchó una voz ronca que susurraba por lo bajo, “habrá muñeco está noche”. No se dejó amilanar. No se percató que era un muchacho de quince años en frente de un coloso psicópata. Sintió, más que ver, una hoja de pedernal alzarse a escasos centímetros de su rostro. Mierda, pensó. No tenía ninguna esperanza en el círculo de muerte que se había formado en torno a él y el que esperaban fuera su asesino.
Skin, siniestro, comenzó a jugar con su presa. Amagó una puñalada al estomago. Atón la esquivo con facilidad para encontrarse con un puño de roca que le rompió los labios y un diente. Sin saber cómo sacó ánimos para sonreír. Contraatacó con una patada a la entrepierna de su adversario. Skin adivinó, el golpe y lo lanzó al suelo.
Atón se sintió extrañamente cansado. No alcanzó a levantarse cuando una patada contra su costado le robó el poco aire que tenía. Rodó sobre si mismo para alejarse del líder de Los Hijos del Neón. Escuchó risas y abucheos. Se levantó y se lanzó contra los pies de Skin lanzándolo de espaldas al suelo. Este se lo quito de encima de un golpe. Ahora ambos sonreían.
Giraron en círculos estudiándose entre tanto. Skin lanzó una puñalada que le atravesó el hombro derecho. Atón cayó de rodillas y lanzó un puñetazo contra la nariz de Skin tomándolo de sorpresa, arrancándole un grito de dolor. No perdió el tiempo lanzó una nueva patada al cráneo de Skin derrumbándolo. El dolor del puñal clavado en su hombro acalló su temprana cefalea. Su vista se aclaró. Sin ninguna piedad, convirtiéndose de repente en un animal instintivo se arrancó el puñal de su cuerpo y se lanzó con él hacia el estomago de Skin que se erguía furioso. Este detuvo una vez más el ataque del muchacho intentando desarmarlo. No tuvo éxito. Sintió los dientes acerados de Atón perforarle la muñeca.
De repente se encontró en una situación descontrolada. El muchacho se debatía con una furia desesperada. Al fin el puñal cayó al suelo pero cuando fue a recogerlo se encontró con una bota que se estrelló contra su rostro y lo sumió en la oscuridad. El combate había terminado.
Atón cayó de rodillas ante el cuerpo inmóvil de su enemigo. Escupió una flema sanguinolenta contra el césped y aulló hacia el cielo. Su dolor de cabeza era un lejano recuerdo.
Nadie se acercó a él. Nadie lo felicitó por su victoria. En el círculo de rostros que lo rodeaba sólo atisbó perplejidad y un asomó de temor supersticioso.
De repente se sintió casi alegre. Tomó en puñal de su enemigo y se irguió de nuevo sin saber muy bien que se esperaba de él.
Pronto el mismo Skin se lo enseñaría.
Deambulaba sin ningún pensamiento fijo en la cabeza esquivando la luz que hería sus ojos y le atormentaba. Dio vueltas y revueltas sin rumbo fijo, intentando olvidar el hecho que las provisiones hurtadas del internado se le estaban agotando y que en pocos días tendría que recurrir al robo para lograr sobrevivir.
Pensando o quizás intentando no pensar llegó a un parque cercano donde se topó con unos 20 ó 25 integrantes de Los Hijos del Neón. Al percatarse de ello intentó retroceder pero ya era demasiado tarde. Así que hundió con ahínco las manos en los bolsillos e intentó seguir su camino pasando desapercibido entre la multitud. Miraba con estupefacción como el grupo de integrantes de la pandilla se reían mientras se pasaban entre ellos botellas de maistock y cigarrillos.
Pronto dejó de escuchar las risas al ser reemplazadas por los murmullos burlones de “Muñeco, hey muñeco”. Pronto no pudo dar un paso más. Se encontró de frente con un pecho que le cerraba el paso. Intentó retroceder tan sólo para encontrarse con un par de manos que lo empujaron hacia delante mientras escuchaba como el coro comenzaba a aumentar su volumen y su velocidad hasta convertirse en una salmodia infernal. “Muñeco, habrá muñeco esta noche. Los dejó hacer adelantando sus manos ya no tanto para defenderse como para evitar una caída fácil, un golpe no buscado. Estaba acostumbrado al juego desde sus primeros días en el internado. Allá le había costado poco, un par de dedos rotos, a lo más una pierna. Sabía que en este juego se le iba la vida. Más por costumbre que por deseo empujo el cuerpo más próximo a él. Su acción le valió un “ohhhhh” de reconocimiento y la vinculación de más participantes al juego.
Sintió un puntapié en su trasero, un puñetazo suave, casi una caricia, en la boca del estomago. Una mujer aruñó una de sus mejillas. Alguien escupió su rostro. El dolor de cabeza se incrementaba en notas punzantes. Lanzó un puñetazo hacia el rostro equivocado más cercano a él, el rostro de Skin. La multitud enmudeció.
Escuchó una voz ronca que susurraba por lo bajo, “habrá muñeco está noche”. No se dejó amilanar. No se percató que era un muchacho de quince años en frente de un coloso psicópata. Sintió, más que ver, una hoja de pedernal alzarse a escasos centímetros de su rostro. Mierda, pensó. No tenía ninguna esperanza en el círculo de muerte que se había formado en torno a él y el que esperaban fuera su asesino.
Skin, siniestro, comenzó a jugar con su presa. Amagó una puñalada al estomago. Atón la esquivo con facilidad para encontrarse con un puño de roca que le rompió los labios y un diente. Sin saber cómo sacó ánimos para sonreír. Contraatacó con una patada a la entrepierna de su adversario. Skin adivinó, el golpe y lo lanzó al suelo.
Atón se sintió extrañamente cansado. No alcanzó a levantarse cuando una patada contra su costado le robó el poco aire que tenía. Rodó sobre si mismo para alejarse del líder de Los Hijos del Neón. Escuchó risas y abucheos. Se levantó y se lanzó contra los pies de Skin lanzándolo de espaldas al suelo. Este se lo quito de encima de un golpe. Ahora ambos sonreían.
Giraron en círculos estudiándose entre tanto. Skin lanzó una puñalada que le atravesó el hombro derecho. Atón cayó de rodillas y lanzó un puñetazo contra la nariz de Skin tomándolo de sorpresa, arrancándole un grito de dolor. No perdió el tiempo lanzó una nueva patada al cráneo de Skin derrumbándolo. El dolor del puñal clavado en su hombro acalló su temprana cefalea. Su vista se aclaró. Sin ninguna piedad, convirtiéndose de repente en un animal instintivo se arrancó el puñal de su cuerpo y se lanzó con él hacia el estomago de Skin que se erguía furioso. Este detuvo una vez más el ataque del muchacho intentando desarmarlo. No tuvo éxito. Sintió los dientes acerados de Atón perforarle la muñeca.
De repente se encontró en una situación descontrolada. El muchacho se debatía con una furia desesperada. Al fin el puñal cayó al suelo pero cuando fue a recogerlo se encontró con una bota que se estrelló contra su rostro y lo sumió en la oscuridad. El combate había terminado.
Atón cayó de rodillas ante el cuerpo inmóvil de su enemigo. Escupió una flema sanguinolenta contra el césped y aulló hacia el cielo. Su dolor de cabeza era un lejano recuerdo.
Nadie se acercó a él. Nadie lo felicitó por su victoria. En el círculo de rostros que lo rodeaba sólo atisbó perplejidad y un asomó de temor supersticioso.
De repente se sintió casi alegre. Tomó en puñal de su enemigo y se irguió de nuevo sin saber muy bien que se esperaba de él.
Pronto el mismo Skin se lo enseñaría.
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