CANTO V: El escape.

Guerrearon
desde el principio de los tiempos. La vida fue una batalla constante para los
gifty desde que abrieran los ojos por vez primera. Los maklind los odiaron
porque no los comprendían, pusieron precio a sus cabezas y a sus alas para
hacer artesanías y vender souvenirs. Los gifty se defendieron escapándose de
las ciudades y escondiéndose en lo profundo de los bosques y las selvas. Se
sabían perseguidos, odiados, cazados. Así que se quedaron sobre los árboles y
en las ruinas de antiguas ciudades, retornaron a su origen, redescubrieron Taz-Nel
y cantaron sus cantos y tuvieron sus hijos y tejieron sus vidas como quien teje
un nido, y poco a poco, con sueños no soñados por Eyanael, sueños limpios,
prístinos, caóticos, sin planeación, sin esperanza alguna, comenzaron a urdir
los relatos de sus héroes y sus delirios; soñaron hacia atrás y hacia adelante
en el cielo; cantaron las canciones de Armún y Nilkar y cantaron el momento en
el que ambos se unirían por vez primera, y cantaron el momento en que las sombras
se adueñarían de la tierra, la tierra de gifty y de maklind, y entonces, desde
ese momento, cuando un maklind se ofreciera de forma voluntaria ante los gifty
bajo la luz agonizante de Armún siendo ocultada por Nilkar, los gifty podrían
salir de sus escondites, bajo las sombras de los árboles, bajo las sombras de
las ruinas, bajo las sombras de la tierra, y tener un lugar sobre la tierra,
pelear de igual a igual contra los maklind y derrotarlos por fin. Hubo un
tiempo en que los maklind prosperaron y los gifty habitaban la oscuridad,
vendría otro tiempo donde los maklind se marchitarían y los gifty prosperarían.
En eso pensaba Keyza mientras volaba hacia el centro de Taz-Nel, en algún
momento un maklind sería sacrificado por un gifty, pero no sería ahora, pero no
sería él.
La
lluvia amainaba, y los gifty viendo volar a Keyza supusieron que era la hora
del sacrificio, y se dirigieron también al lugar del sacrificio. Uno, de entre
todos ellos, tenía un cuchillo de pedernal en las manos. Uno, de entre todos
ellos llevaba un cuenco para el sacrificio. Uno, de entre todos ellos llevaba
un garrote por si la presa recordaba que era un cazador. Uno de ellos llevaba
una espada que lucía como un poco más que una lata oxidada. Sobre ellos, Nilkar
comenzaba a acercarse a Armún.
Él
era una cosa maltrecha en el centro de Taz-Nel. De hecho, por lo que sabía,
estaba en el centro de ninguna parte. No veía nada, tan solo escuchaba el
aleteo de lo que parecían un millón de aves gigantescas dirigiéndose hacia él.
No importaba, pensó, al fin y al cabo desde que la había dejado ya no importaba
nada. Pero ella estaba ahí ahora. Sentía que algo había aterrizado cerca de él.
Sus ojos estaban cerrados a causa de los golpes y sentía rotas algunas
costillas, pero algo sintió, un olor a dalia y albahaca. El olor de ella. El
olor de la gifty, de su antigua presa. Se obligó a alzarse.
Keyza,
dijo alguien. Con una voz que era casi un graznido. Luego algo que sonó como un
improperio, una orden, un insulto. Luego una respuesta. Una negación simple y
clara en cualquier idioma. Mientras tanto el cielo oscurecía.
¿Cómo
terminaba la profecía?, se preguntaba Keyza cuando una mano se agarró a la
suya. Las chispas saltaron entre ellos. En el cielo Nilkar se interponía con
lentitud a Armún y la tierra iba quedando en tinieblas. Alguien gritó algo,
Keyza respondió con un desafío. Andor sintió que el número de gritos aumentaba,
luego un golpe de espada, dos y sus manos fueron liberadas. Alguien lanzó algo
que fue a dar cerca de su cabeza y se quebró contra un poste de madera. Armas
fueron esgrimidas y derrotadas a golpe de espada. Sangre fue vertida. Sin saber
que más hacer la gifty aferró al maklind y se fundieron en un solo abrazo, en
un solo ser. Ella la espada al cielo y un único rayo de Armún golpeó la hoja
que brillo con una luz casi propia mientras enceguecía a todos a su alrededor.
Hubo el sonido de unos aletazos, y luego nada. Se desvanecieron. Al menos eso
cuentan los que saber.
Los
gifty esperamos desde entonces el regreso de la Luna y el Sol, el momento en
que un nuevo mañana se alce tanto para los gifty como para los maklind.