sábado, 19 de junio de 2021

EL DESPERTAR III

 

-EL DESPERTAR III-

 

     De seguro recuerdas el hecho. Carla fue encontrada colgando destripada en el interior de un canal colector de aguas residuales. Cuando la encontraron había sido parcialmente devorada por las ratas. Dadas las características del crimen, en especial su elaborada puesta en escena que incluía elementos rituales y palabras en otro idioma, se había barajado la hipótesis manida del asesino serial. Pero, o bien se trataba de uno que estaba empezando, o bien, se trataba de uno que no dejaba huellas jamás. No se volvió a encontrar un cuerpo en las mismas o condiciones similares.

     El primer sospechoso había sido el habitante de calle que lo había denunciado, pero estaba tan consumido por la abstinencia que no podía pronunciar dos palabras seguidas que fueran coherentes. Se le había volado la olla, era cierto, pero esa voladura había ocurrido hacía mucho y el cuerpo solo buscaba sobrevivir. Por supuesto, se había pensado en las personas cercanas y que el padre estuviera desaparecido hacía unos pocos meses tampoco había ayudado, pero el padre solo era culpable de haberse escapado a construir otra familia en Suámox, sin tener el valor de habérselo dicho a su esposa y a su hija.

     Durante la investigación, Martínez comenzó a conocer a Carla más de lo que le hubiera gustado. Era una joven de 20 años, que adelantaba sus estudios en arquitectura. En alguna ocasión se había enredado con un profesor; en alguna ocasión se había demorado en devolver unos libros a la biblioteca. Trabajaba de mesera los fines de semana, más para socializar y escapar de la rutina de la casa que para pagarse sus estudios. Era buena hija, decía la madre; era buena amiga, decían los tres o cuatro amigos que la conocían. Vestía de jeanes y camisetas; a lo sumo un vestido o dos para ir a bailar. Sus docentes hablaban bien de ella, uno o dos no tenían muy claro que la habían tenido como estudiante. Un exnovio había mencionado sus arranques de pasión; de ella Martínez se había quedao con la imagen de los rizos de su cabello arrancándole destellos al sol. Del comentario de una vecina, se quedó con la imagen de una joven de sonrisa abierta y franca. Así fue construyendo su propia imagen de Carla Suárez y se prometió descubrir lo que había sucedido con ella. Ahora, después de diez años de andar con esa imagen de Carla con él; de emplear una antigua fotografía de ella como punto de lectura; habían encontrado una nueva escena del crimen con características muy similares a la de Carla.

domingo, 13 de junio de 2021

LA MÁQUINA DE CREAR DIOSES

 


LA MÁQUINA DE CREAR DIOSES

No importa lo que creas.

No importa tu fe.

Lo primero que debes saber es que el proceso empieza en ese instante de duda. Justo cuando te sientes la criatura más solitaria y pérdida en este lado del universo. Es ahí cuando se enciende la maquinaria. Lo supieron los egipcios, lo supieron los nórdicos y los zulúes.

La maquinaria es antigua y suele permanecer empolvada. No es necesario que alguien la maneje, pero si quien la repare; alguien dispuesto a mantener su piloto encendido. En 2000 infinitos no se ha necesitado, pero en verdad nunca se sabe.

Lo otro que debes saber, es que a la máquina no le importa el tamaño del producto final. En ocasiones se pone a disposición de una pequeña araña que toma consciencia de su soledad y se convierte en una cosa informe adorada por ejércitos de arañas, hasta que una de ellas se distrae y el dios queda olvidado como el ala de una mosca.

A menudo la máquina fabrica dioses con objetivos distintos. A la máquina le tiene sin cuidado el destino de sus creaciones.

Sin embargo, ahora que sabes la verdad, ¿no tienes miedo de que algún día deje de funcionar? Quizás es lo que ha sucedido en este justo instante en que te sientes la criatura más solitaria y perdida en este lado del universo.

 

 

                                      Andor Graut

 

EL DESPERTAR II

 


-EL DESPERTAR II-

 

El cuarto se trataba de Armando Suárez. El más exitoso de toda la promoción, aquel que había sido bendecido con las mieles del éxito. Había caído desde el último piso de un rascacielos de lujo. Se pensó que se había tratado de un accidente en una fiesta, pero la autopsia había descartado rastro alguno de alcohol o de drogas en su cuerpo.

La quinta había sido, Isabel Andrade, aquella de quien nadie había esperado algo. Sobre Andrade no se consideraba la posibilidad de un crimen, porque hacía mucho tiempo se había hundido en el camino de las drogas, y era una visitante asidua de calabozos y comisarías del norte de la ciudad. Había muerto de una sobredosis, pero Martínez comenzaba a dudarlo. Todas las muertes parecían accidentes, pero todos los occisos estaban relacionados con él.

Martínez no era nadie. O mejor, era tan nadie como sus compañeros de promoción, engranajes adicionales en el sistema que no eran lo suficientemente importantes para molestar a alguien. Sin embargo, a alguien habían molestado, porque la promoción del 2012 del Leonistic High School estaba siendo diezmada.

Martínez se terminó de fumar su cigarrillo. Intercambió unas palabras con el fiscal de oficio que se encargaba del levantamiento y se fue directo a la oficina a ocuparse del papeleo y de lo que pudiera traer el resto de la noche. No le gustaba mentirse a sí mismo, pero hizo todo lo posible porque no se viera la palidez que se estaba tomando su rostro.

En la oficina le informaron del avance de un viejo caso.

Todo policía que se precie de ello. Toda criatura que cabalga tras el crimen o escapando de él, tiene un caso que tarde o temprano se queda frío y de cuando en vez se descongela a lo largo de los años. Incluso, en el caso de algunos veteranos que había conocido Martínez, se trataba de décadas. Para Martínez, se trataba del caso de Carla Suárez.

Martínez nunca había conocido a Suárez, y aun así lo sabía todo de ella. Lo que no sabía era porque la habían asesinado de aquella forma.