esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues.
hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió
enviarás mensajes sonreirás
tremolarías tus manos así volverá
tu amado tan amado
oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer anamorada fuiste tú
te remuerden los días
te culpan als noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!
Alejandra Pizarnik
miércoles, 22 de junio de 2011
Apocalipsis
Autor: Mario Mendoza
Editorial: Planeta.
Recomendado para jóvenes lectores.
Novela.
Mario Mendoza ha ido construyéndose durante los últimos años como un obligado referente en la literatura colombiana. Los jóvenes acuden a él en busca de respuestas que le ayudan a comprender el mundo en el que se hallan inscritos. En este sector de la población se hallan inscritos sus más grandes fanáticos, aquellos que pueden reconocerse en muchas de sus líneas, en las ganas de mandar todo a la mierda y buscar escapar de nuestra opresiva sociedad capitalista. Los críticos literarios, por otro lado, no suelen gustar mucho de Mendoza, no les convencen sus diálogos acartonados –donde rara vez se puede diferenciar un personaje de otro-, ni su prosa tipo guión –como en Satanás- , ni sus artificios inverosímiles –como en Buda Blues-, sin embargo no pueden dejar de referirse a él una y otra vez.
Mendoza es en principio dos. Uno, él que habla. Un apasionado del anarcoprimitivismo y un profeta de la miseria. Otro, quien escribe. Un prosista desmañado a quien muchas veces parece ganarle la historia, parece que no tuviera los suficientes elementos para estructurarla, para encausarla, para darle una forma coherente.
Mendoza construye sus novelas a través de escaletas. Escribe como quien guioniza, eso es sobre todo patente en Satanás. Mendoza tuvo una enfermedad en la infancia en donde la fantasía se le confundió con la realidad. En donde sufrió una suerte de desdoblamiento. Mendoza fue marcado por su cercanía, indirecta, con Campo Elías, el protagonista de la masacre de Pozzetto en Bogotá. Esos son algunos de los elementos que lo marcan, que lo estigmatizan. Eso y su rostro de terrorista árabe a punto de volarlo todo con una carga de dinamita. Mendoza hace lo que pocos hacen hoy en día, hablan de la realidad del país, se atreve a opinar sobre política. A García Márquez se le olvidó eso hace tiempo. Al fin y al cabo él es ciudadano Cubano y si se le ofrece un premio puede cambiar de opinión.
Hace algún tiempo, en una entrevista realizada por John Harold Giraldo Herrera, Mendoza mencionó que “El realismo degradado es nuestra ciencia ficción latinoamericana” (quienes deseen leer la entrevista lo pueden hacer aquí: http://www.letralia.com/224/entrevistas01.htm), de hecho esa frase se convirtió en el titular de la entrevista. Se equivoca algunas veces Mendoza juega a ser profeta, no siempre acierta. El realismo degradado posee elementos que lo hacen cercano a la ciencia ficción política, la marginalidad y como elementos de la modernidad han ido configurando una posible distopía. Sin embargo es cara de la ausencia de elementos de extrapolación más constitutivos de la ciencia ficción. Mendoza profetiza, considera que dentro de algunos años los mendigos se tomarán las ciudades. ¿Cuál es la consecuencia de esto?, ¿dónde están esas historias? Mendoza las sugiere, no las cuenta. En lugar de la rabia para este tipo de historia, nos encontramos con la profecía, con el análisis. El realismo degradado se acerca a lo que puede ser una ciencia ficción colombiana, como la que promete Carlos Sánchez o David Vásquez, como la que prometo yo una vez nos dejemos de pendejadas.
A long, long time, Mendoza inició una serie de novelas, su objetivo eran diez, que hablaban sobre Bogotá y sus demonios. El final de ese ciclo se presenta con Apocalipsis.
Apocalipsis es una novela lúcida, cargada menos de panfletarismo que Buda Blues, que encara directamente los demonios que atormentan a Mendoza. Que se atreve a hablar de las hordas de neoneardentales que se hallan bajo nuestros puentes, Hay una Bogotá atiborrada de desharrapados hambientos que la cruzan de lado a lado en busca de un dolmen para pernoctar. Del hombre que se paró frente a las paredes de la cueva de Altamira y pintó el primer bisonte, al noctámbulo urbano que dibuja y grafitea los muros y los puentes en las horas de la madrugada (Mendoza, 2011; Pg. 163);
que se hunde en la periferia de Bogotá y por ende la propia, Pero no quiero que me vayan a entender mal; esa lejanía con respecto a los demás no se experimenta con orgullo, como si uno fuera superior o como si se tratara de un ego crecido que mira con desdén al resto de la gente; no, es una distancia que duele, que hace daño, que nos hunde en una soledad malsana y destructiva. (Mendoza, 2011; Pg. 168); una ciudad a la que busca rescatar de las noticias para convertirla en un referente literario, ¿Cómo nombrar la ciudad, cómo darle a Bogotá una carta de identidad literaria, un tono que la haga única, que le otorgue un rostro, que la convierta en ella misma? (Mendoza, 2011; Pg. 247); que se ocupa de sus propias obsesiones y las rúbrica, les da forma, se las apropia con orgullo, (…)Satanás no es del mal, ni el demonio, ni la perversidad. Técnicamente hablando, Satanás soy yo, mi cuerpo anfibio, mi cuerpo larva y mariposa, mi cuerpo abeja, mi cuerpo mosca que durante cada narración sufrió metamorfosis de alta velocidad para poder transformarse de página en página y de capítulo en capítulo. (Mendoza, 2011; Pg. 248)
En las páginas de la novela Mendoza se sirve de sus propias vivencias para validar sus indagaciones. El recuerdo del delirio en su niñez, lo lleva a encontrarse con su obsesión sobre el desdoblamiento y lo lleva a cabo en la narración. Se convierte en varios personajes, quienes escriben las novelas por los que Mendoza ha ganado premios y reconocimiento. Se reconoce como varios, no como uno. Retoma los hilos de sus varias narraciones y les va dando forma, finaliza narraciones, metaficcionaliza sus razonamientos.
Apocalipsis vale leerse, no sólo por la historia que nos cuenta –que poco tiene que ver con la que nos refiere la contra carátula- sino por la profunda intertextualidad que tiene con sus otros historias y por la teoría estética que nos enrostra, incluso por esas claras y mezquinas cuentas de cobro personal que se atreve a realizar. Una obra que también nos dan ganas de revisitar las historias que nos hemos leído anteriormente y llegar a esos relatos que hemos descartado.
lunes, 18 de abril de 2011
Andor Graut, una biografía.
Escribo esta biografía porque a partir de la publicación de Kair Andros, narrador de mitos, existe un amplio número de niños que busca saber algo sobre su autor. Me refiero a algo más que las cuatro escuetas líneas que aparecen en el libro acompañadas de una foto desfigurada con un editor de gráficos.
Lo primero que he de decir es que Andor Graut no es mi nombre real si no un pseudónimo. Por supuesto, cuando usas un nombre que no es el tuyo estás buscando asumir otra identidad, así que tampoco quería que fuera mi fotografía la que apareciera dentro del libro. Llegue al punto que le inventé una vida y un oficio a Andor. Pero a la editorial no le gustó mucho la idea, así que tomo la única foto que les envíé y la acompañó de algunos de los datos que si sabía de mí. Lástima, pensé en ese momento, en verdad me gustaba la idea de conservar el pseudónimo. La razón principal para usar un nombre que no era el mío, no es otra que la timidez. Y si me ves en una charla o en una lectura pública puedes pensar que no es cierto (de hecho ni mi esposa ni mis amigos me creen) pero soy muy tímido.
Mi nombre real es Diego Fernando Marín. En el momento tengo 32 años de edad y soy docente del Gimnasio La Colina de Cali. Enseño mi materia favorita (no considero hacer si no lo que me gusta), lenguaje. En el momento tengo 32 años y soy casado. Sin hijos. Con mi esposa consideramos disfrutar por el momento nuestro matrimonio (el cual apenas va a cumplir dos años) para luego si disfrutar la maternidad.
Lo que más amo en el mundo es escribir. Lo gracioso es que llevo más de un año sin hacerlo aunque tengo muchas ideas en la cabeza (una de ellas tiene que ver con Kair Andros, años antes de conocer a Samuel), porque me embarqué en una búsqueda acerca de las características que debe tener una fantasía y una ciencia ficción latinoamericana.
Un dato que te puede parecer curioso es que no me gusta el fútbol y cuando la gente me pregunta acerca de mi equipo favorito (la pregunta siempre llega) digo que el es Galatasaray, un equipo de la liga turca del cual sólo conozco el nombre – que me encanta-. Así las personas parecen considerar que soy normal y decente y no me molestan. Cuando digo que no me gusta el fútbol, lo primero que hacen es mirarme con sospecha y luego intentan convencerme de ser hincha del Cali o del América o del Tolima.
Hasta el momento sólo he publicado Kair Andros, narrador de mitos y un cuento virtual sobre la violencia colombiana (que puedes leer en http://www.elclavo.com/articulos/cuento-articulos/miedo-2/) Así mismo llevo este blog y otro acerca de promoción de lectura (http://lecturasparatododos.blogspot.com/), donde recomiendo libros que me gustan.
Si tienes cualquier pregunta no dudes en hacerla y sinceramente, espero que te haya gustado la historia de Kaír Andros y Samuel.
Ah, una última cosa, el nombre del protagonista es un homenaje a J.R.R. Tolkien, el escritor de EL señor de los anillos. Originalmente es Chair Andros y corresponde a un lugar en la geografía de la Tierra Media.
viernes, 7 de mayo de 2010
Hacia la construcción de una literatura de fantasía y ciencia ficción latinoamericana. Primer ladrillo.
En el prologo a “El reino de este mundo” Carpentier apunta sobre las formas estereotípicas que ha alcanzado la fantasía proveniente de Europa (claramente influenciadas por el surrealismo) y propugnaba por la necesidad de construir una literatura proveniente de las creencias propias de los americanos. “Realidad maravillosa” la llamó él, puesto que veía que este suelo regado por la sangre de indios, negros y blancos era fértil en el desarrollo de variopintos paradigmas que convivían sin orden ni concierto –pero al fin y al cabo convivían – unos con otros.
Carpentier tuvo una poderosa intuición, en nuestra tierra habitamos con centenares de criaturas a cada cual más extraña y no se nos da un ardite. Sin embargo, este realismo maravilloso, es quizás el mismo tipo de realidad que vivía un campesino del siglo XVIII, un transilvano del siglo VII o un romano del siglo II a.c.. Es decir, todos los pueblos han tenido estadios de convivencia con paradigmas maravillosos de realidad. Lo maravilloso nuestro es fantástico para quien nos ve desde afuera, lo que nosotros vemos como fantástico en Europa, Australia o Japón suele ser una suerte de realismo maravilloso para ellos. En pleno siglo XXI los chinos conviven con los espíritus de sus antepasados al igual que los norteamericanos encienden una pira en el bosque y se cuentan historias sobre el wendigo.
Posteriormente la escritura de Manuel Zapata Olivella (colombiano) daría a luz algo que él llamó “realismo mítico” y puso a los elegbas a cabalgar a los hombres y a los muertos a pelear en las guerras de los vivos. La poderosa e inteligente escritura de Zapata se ha visto relegada a un segundo plano, en muchos casos, por mero desconocimiento.
El caso de García Márquez, aunque merecedor de mejor suerte, no produjo herederos sino una amplia suerte de imitadores. Un caterva de bebedores de su manera de escribir pero no de su espíritu pegado al realismo mágico. Aparte de ellos, de Borges –aparentemente tan europeo- y de Cortázar –aparentemente tan singular -, no ha habido fuertes representantes de una fantasía que beba de las mismas fuentes de las que bebieron los muiscas, los aztecas, los negros y los mestizos que heredamos todas esas tradiciones.
Uno de los mejores logros alcanzados a este respecto ha sido el de Liliana Bodoc con su saga sobre “Los días de la sombra”. En donde parte de la creencias y formas de ver el mundo de los mapuches, los incas y los mayas para construir sus tribus que buscan aunarse para enfrentar la sombra que llega allende los mares.
Tenemos obras, hemos tenido autores, pero no tenemos una tradición. No existe aún el canon de lo fantástico y de la ciencia ficción (de esa hablaremos después). Es un orificio en la urdimbre de nuestra identidad literaria. Se hace necesario que hoy comencemos a tejer esos caminos.
(Continuará)
jueves, 6 de mayo de 2010
De Stephen Crane
En el desierto
vi una criatura, desnuda, bestial,
que, en cuclillas en el suelo,
sostenía su corazón en las manos,
y comía de él.
Dije: «¿Está bueno, amigo?».
«Es amargo, amargo —respondió—;
pero me gusta
porque es amargo,
y porque es mi corazón.»
Traducido por Daniel Romero
vi una criatura, desnuda, bestial,
que, en cuclillas en el suelo,
sostenía su corazón en las manos,
y comía de él.
Dije: «¿Está bueno, amigo?».
«Es amargo, amargo —respondió—;
pero me gusta
porque es amargo,
y porque es mi corazón.»
Traducido por Daniel Romero
lunes, 19 de abril de 2010
El s2gundo disparo
Antología de relatos del taller “Écheme el cuento”
Ant.: Alberto Rodríguez.
Editorial: “Schoeffer & Fust”
Ant.: Alberto Rodríguez.
Editorial: “Schoeffer & Fust”
Los talleres literarios tienen una gran tradición en la historia de la literatura. De una u otra forma son ellos quienes terminan escribiendo manifiestos y adelantando las bases de las nuevas estéticas literarias. A veces esto sucede incluso sin que haya una propuesta consciente por parte del taller.
“Écheme el cuento” hace parte de un esfuerzo del ministerio de cultura por apoyar la creación literaria a lo largo y ancho del país. Su intención es incentivar la labor literaria y la preparación de quienes se espera que nos representen a largo plazo en el campo de las letras internacionales. Una de las formas de incentivar este trabajo es apoyar las publicaciones de los talleres literarios adscritos a Renata (Red Nacional de Talleres Literarios).
Este “S2gundo disparo”, según entendemos en el prefacio, es la determinación consciente de Alberto Rodríguez de realizar una selección que cumpliera con unos requisitos de calidad que fueran más allá de cumplir con mostrar los resultados de un grupo que se ha reunido, nombres más nombres menos, durante tres años. Alberto se ha propuesto cumplir con un criterio de calidad editorial, es decir, que los productos seleccionados podrían ser publicados por cualquier editorial. De hecho algunos de quienes publican ya lo han realizado en espacios como la universidad del Valle, la antología de Cambio y la editorial Libros & Libros.
Hay errores por supuesto. Hay líneas que deberían ser olvidadas. Resoluciones torpes en algunos casos y muchos buenos intentos. Intentos. En contraste hay muy buenas historias, de esas que sumergen al lector de tal manera que olvida que se trata del producto de un taller literario y se deja llevar por el mundo posible que le es planteado. Hablo de historias como, “Gónzales”, “El buen retorno”, “Vulvaria”, “Verdad, justicia y reparación” y “Amor”, que descollan entre otros tantos títulos.
Publicar es ubicarse voluntariamente frente a un pelotón de fusilamiento. La decisión de hacerlo ha de ser meditada con minucia ya que los resultados pueden ser mortales. Independiente de si ese es su propósito este “S2gundo disparo” cumple con otra función, es una muestra de lo que puede esperar el lector que le ofrezca una nueva generación de escritores. Escritores que se arriesgaran con temas, técnicas y nuevo tipo de situaciones.
Desde este punto de vista no sólo es interesante leer esta antología sino que se hace imprescindible para el interesado en el mundo de las letras adentrarse en las entrañas de estos procesos. Corre riesgo el lector de que al “S2gundo disparo” se convierta en seguidor.
Esperaremos saber que el arma haya sido cargada y sea disparada próximamente.
jueves, 11 de marzo de 2010
Carta abierta a Alberto Rodriguez
Estimado Señor Rodríguez:
Aprecio el interés que se ha tomado en mi crítica a Buda Blues, de Mario Mendoza. Sabía yo que nuestras diferencias iban a ponernos en esta posición tarde o temprano. Pero vamos en parte, así es como se nubla el espejo de la profecía. O en palabras que tal vez usted mejor entienda, vamos por partes le dijo el asesino en serie a su víctima.
En primer lugar el hecho de poder terminar Buda Blues se redujo a un compromiso tácito que había tomado conmigo cuando oí hablar de la obra por vez primera. Deformación académica también llamada en otros lares. Usted la puede llamar puñetero masoquismo, las palabras no cambian el hecho en sí.
En segundo lugar hablemos de la novelas tesis o las tesis novelas o como quiera que se llamen. No importa. El hecho que se quiera demostrar una tesis no implica que el texto obvie la anécdota sobre la que se monta. Me voy a tomar el atrevimiento de recomendarles tres libros de un solo autor para que nos situemos en un mismo contexto. El autor en cuestión es Michael Crichton. Las novelas son: “Parque Jurásico”, “El Mundo Perdido” y “Estado de Miedo”.
Las dos primeras serían un ejemplo de lo que usted llama novela de tesis. Bajo la anécdota de la clonación de dinosaurios subyace un gran texto crítico social promulgado a menudo a través de los labios del matemático Ian Malcolm. La crítica al desarrollo económico sostenido por una sociedad capitalista como lo es la nuestra salta entre párrafo y párrafo, es una sátira mordaz contra el poder de los laboratorios y el desarrollo desaforado de nuestra tecnología. Si lo quiere, ambas novelas son una alegoría. Usted es lo suficientemente inteligente para que llegado a este punto no tenga yo que explicarle que viene a simbolizar un dinosaurio dentro del marco referencial que le he mencionado.
A pesar de la tesis promulgada sin embargo, Crichton se toma tan en serio su papel de investigador que incluso promueve ciertas teorías sobre el desarrollo y comportamiento de los dinosaurios, esto llega a tal punto que un comportamiento que es mencionado en “Parque Jurásico” es refutado en “El mundo perdido”.
Hablemos de tesis de novela. Espero que al lector no importune que vuelva a hablar de “Estado de Miedo”, una de las últimas novelas de Michael Crichton. En ella se dedica a desmontar, con índice de publicaciones y extensas notas a pie de página, la teoría del calentamiento global (si se fija usted la jerga ha cambiado, ahora se habla de cambio climático que ni es lo mismo ni es igual). Los personajes monologan, lanzan largas diatribas, defienden sus creencias y esgrimen estudios a diestra y siniestra. La novela es una profunda crítica además al manejo de las corporaciones y al mundo científico en general.
¿Qué tiene que ver esto con la obra de Mendoza? Que Crichton, a diferencia de Mendoza, no olvida la anécdota en la que está embarcando al lector, sabe que es igual de importarte su tesis que la historia. La una no subyace a la otra.
Pero voy a ser perverso y voy a obviar su observación sobre las novelas tesis y las tesis novelas. Lo voy a leer con otro espíritu y es el de la libre interpretación que tiene el lector. Se lo recuerdo porque es muy fácil caer en ello. Cuando usted interpela mi manera de leer la obra –las cartas- de Buda Blues, lamenta que coincida con el señor Alejandro Gaviria (¿?) y que no coincida con usted, armado de la lectura de una tesis. ¿Está usted queriendo avaluar mi proceso lector, Señor Rodríguez? Dejémoslo ahí.
En tercer lugar. Hablemos del recurso de las cartas. Mi generalización no es osada, proviene del marco referencial en el que me muevo, que no es el mismo de hace 10 o 20 o 30 años. No nos gusta eso pero que se le va a hacer. Veámoslo más a fondo.
Ambos personajes reconocen tener correos electrónicos. Ambos personajes los ignoran por completo y se envían sendas y largas y detalladas cartas en las que abundan el recuerdo preciso de diálogos y sucesos y temores y saberes y tesis, muchas tesis acerca de La Cosa (como me recuerda el término el bendito “Informe de Ciegos” de Sábato). Hasta ahí no hay problema. Uno puede creer que una persona ignore que el sistema de correos es tan frágil, falible y vulnerable como los correos electrónicos. Sí, Señor Rodríguez, las cartas son interceptables y le recuerdo que en nuestro país las autoridades no sienten el menor remordimiento a la hora de chuzar teléfonos. No sería nada para ellos interceptar una carta arguyendo el consabido argumento del terrorismo.
Sin embargo el problema no son las cartas, como usted ha interpretado, son los personajes que escriben las cartas y la manera en que lo hacen. Si descartamos lo que relatan y el lugar desde donde lo hacen, los personajes nos e diferencias. Es decir, sus voces son idénticas. Por eso afirmé en su momento que el juego de espejos no es creíble. Que se escriban cartas, vaya y venga, que sean casi tan largas como esta en la que le estoy dando respuesta, no es el problema. Los personajes no son creíbles, distancia al uno del otro el uso de la expresión coloquial, maestro. Poco más. Es allí dónde está el problema de las cartas.
No puedo evitar recordar esos primeros relatos de la ciencia ficción norteamericana que consistían engrandes monólogos de los personajes principales acerca de una cuestión cualquiera. Nunca importaba cómo eran, si tenían familia, si lo mangoneaba la mujer, importaba la discusión científica. Esos primeros relatos pertenecen a las primeras décadas del siglo 20. “Buda Blues” es escrita casi cien años después.
Hay una discusión final sobre la respuesta del lector ante una obra y es su gusto, independientemente en muchas ocasiones de los argumentos que pueda o no pueda tener, y lamento decirlo- lo lamento porque me gustaría que fuese diferente- pero “Buda Blues” no me gustó. Se quedó corta ante las infinitas posibilidades que ofrece. Quizás eso confirme otra cosa, la literatura no es el lugar para el panfleto en primer lugar sino para el relato. Considero que cualquier autor debe tener en cuenta eso en primer lugar, el discurso ideológico debe subyacer ante cualquier historia, no competir con ella.
Cordialmente,
Andor Graut.
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