jueves, 8 de mayo de 2008

LA LECTURA (IN)COMPETENTE


Esta mañana recibí una llamada de mi editor quien enterado de mi situación con Isabel está decidido a distraerme de cualquier modo. ¿Por qué no me acompañas –me dijo– a una conferencia de la editorial esta tarde? Puede ser instructiva. Incitado por hacer cualquier cosa y por quitármelo de encima (es capaz de dar las mismas razones en círculo por un tiempo interminable), decidí acompañarlo y me encontré con él en La Ballena de Jonás, uno de esos restaurantes típicos de Kalí.
La conferencia, ala que parecían haber ido cientos de maestros, fue de lo más ilustradora; el tema era la Lectura Competente.
Por lectura competente la conferencista, de cuyo nombre me niego a acordarme, se refería a un tipo de lectura que daría como resultado que las personas se pudieran defender en la vida. Es decir, que la lectura pudiera convertirse en algo útil de diversas maneras. Social, por ejemplo, sería perfecta para tener una buena conversación; formativa, ser capaz de llenar formularios sin errores; educativa, llegar a la respuesta que el maestro cree que siempre es la única; políticamente correcta, la estandarización del status quo y la incapacidad de ser crítico.
La lectura competente no resultó ser más que la búsqueda de mantener los patrones políticos establecidos por el gobierno imperante (no sólo el de ahora, sino el de hace diez años y el que tengamos dentro de veinte sin importar los colores de bandera), es decir busca perpetuar la existencia de alfabetos funcionales, así como hay personas con síndrome de Down funcionales o autistas funcionales o psicópatas funcionales (aquellos que no matan una mosca pero ¡que ganas que le cargan a la pobre!).
Lo peor de todo era ver como la conferencista, su nombre sea recordado en el infierno, mezclaba conceptos, autores y partes del cerebro con el fin de dar verosimilitud a su discurso, que por lo demás me pareció de un fascista subido. Y como siempre, en este país del Sagrado Corazón, se hacía un eco constante a aquello de la utilidad de la lectura en el mundo real. Es decir, cualquier cosa inverosímil no es digna de tener en cuenta.
La dichosa cartilla que acompañaba la charla reproducía varios afiches de instituciones comerciales a los cuales se les podía hacer lectura; lecturas que por supuesto eran guiadas por preguntas que no admitían más que una respuesta preestablecida como correcta desde el principio de los siglos. Lo peor de todo es que, como ya han dicho varios autores, aunaba la promoción de lectura con la promoción de la escritura, mas en el colmo de la perversidad aseguraba que no se le debía dar a los niños una hoja en blanca (¡Oh, el más sacro de los horrores!), que debía acompañarse esa promoción con una hoja que sedujera, ella –acotó – por lo general incluía una serie de preguntas para guiar el proceso de lectura.
La verdad no sé si mañana encuentre trabajo. La ausencia de Isabel me tiene con un humor de perros y lo único que atine a hacer, una vez salí de ese anticipo del infierno, fue putear a mi editor y de paso a todos los procesos editoriales.

4 comentarios:

Martha dijo...

Dos preguntas: el título "lectura competente" ¿era una propuesta de promoción de lectura? o ¿simplemente se refería a la lectura competente?
¿Qué problema hay en mezclar promoción de lectura y de escritura?

Andor Graut dijo...

Sólo se refería a la lectura competente. No hay ningun problema en mezclar dos cosas, si algo recuerdo es que Isabel me decía que una autora llamada Silvia Castrillón mencionaba la imposibilidad de emprender la una sin la otra. El problema en este caso es que la conferencista pudo haberse detenido en esto un poco (era indispensable incluso)y en cambio por esto si paso rapido.

Anónimo dijo...

Hola, muy interesante el articulo, muchos saludos desde Chile!

Anónimo dijo...

Interesante post, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)